Del caos de fin de año al orden financiero del 2026
- Grupo Deana
- 31 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Hace unos días en Grupo Deana compartimos una charla con clientes y amigos llamada “Del caos de fin de año al orden financiero del 2026”.
La idea era simple: en medio de la locura de gastos, tarjetas, fiestas y cierres, frenar una hora para pensar cómo ordenar nuestras finanzas y arrancar el 2026 con más claridad y menos estrés.
Más allá de los números, vimos que el verdadero punto de partida no está en el Excel, sino mucho más atrás: en cómo nos criamos y qué aprendimos en casa sobre el dinero.

Lo que vimos en casa: nuestra “cuna financiera”
Esta idea se la escuché a Rodrigo Álvarez, creador de Neurona Financiera:
nuestra relación con el dinero, muchas veces, viene de la cuna.
Cuando miramos para atrás, recordamos:
Si en casa se hablaba de plata o era un tema prohibido,
Si el dinero era motivo de preocupación o de pelea,
Si se vivía al día o se priorizaba el ahorro,
Si se llevaba algún registro o era “vamos viendo”.
Todo eso se fue metiendo silenciosamente en nuestra forma de manejar la plata.
Por eso, hoy no es raro que:
A algunas personas les salga natural ahorrar y a otras les cueste muchísimo,
Algunos vivan con miedo al dinero, y otros lo ignoren hasta que aparece el problema.
No se trata de culpar a nuestros padres o abuelos.
Se trata de entendernos: si en nuestro entorno nunca se trabajó el ahorro como hábito, es lógico que hoy nos resulte difícil incorporarlo. La buena noticia es que, una vez que tomamosconciencia, podemos empezar a construir hábitos distintos.
El dinero como recurso, no como fin
El segundo eje fuerte de la charla:
El dinero no es un fin. El dinero es un recurso. Es un medio.
Cuando el dinero se convierte en “el fin”, empiezan los problemas:
Gastamos antes de pensar.
Mezclamos la plata de la casa con la de la empresa.
Pateamos el ahorro “para más adelante”
Vivimos en modo apagar incendios financieros.
La cabeza se engancha en: “tengo que ganar más, facturar más, crecer como sea”.
La ambición no es el problema; de hecho, la mayoría de quienes emprenden ya son ambiciosos.
El problema es cuando esa ambición se mezcla con ansiedad y miedo, y nos hace tomar decisiones apuradas.
En cambio, cuando empezamos a ver el dinero como recurso:
Lo usamos para construir futuro.
Compramos tranquilidad.
Tomamos mejores decisiones.
Dejamos de perseguir la plata y empezamos a administrarla.
Estrés financiero vs Espacio mental para mejorar el negocio
En la charla propusimos este ejemplo.
Imaginá que tenés dos empleados
Empleado 1: cumple con todas sus tareas y además trae ideas, propone mejoras, simplifica procesos, evita errores. Se preocupa por que la empresa funcione mejor.
Empleado 2: también cumple con todas sus tareas, no hace nada “mal”, pero no propone mejoras ni aporta ideas, su foco está en cobrar y hacer lo justo.
Si tuvieras que decidir a quién darle un aumento primero, ¿a quién elegirías?
La mayoría elegiría al primero, porque no solo cumple: agrega valor
Con nuestras finanzas pasa algo parecido.
Cuando vivimos con estrés financiero permanente, trabajamos y cumplimos, pero nuestra mente está ocupada en “llegar a fin de mes” y tapar agujeros, entonces nos queda muy poco espacio para pensar cómo mejorar el negocio, por lo que es más difícil ver oportunidades, revisar procesos o animarnos a cambiar.
En cambio, cuando empezamos a ordenar las cuentas y logramos algo de tranquilidad financiera:
Baja el ruido
Aparece espacio mental,
Empezamos a pensar ideas nuevas,
Encontramos formas de mejorar lo que hacemos,
Podemos enfocarnos en actividades que realmente agregan valor y generan más
ingresos.
Por esto es que: La tranquilidad financiera puede traer más ingresos que la obsesión por ganar más.
La ambición ya está.
Lo que muchas veces falta es orden y paz mental para que esa ambición juegue a favor.
Despacito por las piedras
Claro que todo esto no se logra de un día para el otro. Si venimos de años de desorden, no vamos a ser perfectos mañana. Si nunca ahorramos, no vamos a ahorrar una fortuna de entrada. Si siempre mezclamos cuentas, no se corrige todo en una semana.
Los cambios tienen que ser:
Graduales.
Realistas.
Valorar cada paso que damos
Quizás tu primer paso sea:
Separar una cuenta para la empresa.
Empezar a registrar solo algunos gastos.
Definir un pequeño monto mensual de ahorro.
Lo importante no es la velocidad, es la dirección



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